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ENTREVISTA

La entrevista que realicé la hice en una asociación que busca la inclusión de las personas con algún tipo de discapacidad (física o intelectual) a través del ocio y el trabajo.

Tras acudir como voluntario varios días (desde el mes de noviembre), pregunté a tres de las personas con las que más relación tenía si podría hacerles una entrevista. Los dos primeros me dijeron que no, y el tercero me contestó que sí.

El entrevistado tiene 43 años, es natural de San Vicente y sufre discapacidad intelectual, además lleva acudiendo a la asociación 19 años y trabaja en una empresa ligada a ésta.

Me remarca que la principal oportunidad que le ofrece el centro es el poder relacionarse y ofrecer ese cariño que recibe por parte de las personas que trabajan allí (y los voluntarios) de vuelta. Otra oportunidad que le ofrece el centro es el trabajar, tener una rutina que le mantiene ocupado, además lo hace junto a amigos y compañeros de la asociación y dice sentirse contento de poder trabajar, aunque por lo que tengo entendido no todos tienen ese sentimiento.

La verdad es que hablar con esta persona me hace sacar unas conclusiones un tanto confusas, pues me afirma que el trato que recibe es muy bueno en general, pero que a lo largo de su vida ha sufrido bastante, desde agresiones verbales a físicas, además de burlas (que afirma que sigue sufriendo de forma ocasional cuando pasea por la calle). Me sorprende que dice sufrir estas burlas y malas maneras por parte de gente adulta.

Acabo la entrevista tras no querer el entrevistado continuar y concluyendo que, aunque la creencia general sea de que la inclusión está a la orden del día, aquí todavía queda bastante por hacer, ya que estas personas que ya sufren de por sí, aún siguen intimidadas por otro tipo de “personas” (si es que pueden llamarse así).

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